Order, order!
I. Hay quienes se quedaron con la escena de los carteles, otros con la declaración de amor con toda la familia y pueblo presente, muchos con la cazada del baile, otros con las canalladas de Bill Nighy (a quien me crucé paseando por Kings Road con mi amiga Vic y aunque nadie se lo crea, se dió la vuelta - nosotras también nos la habíamos dado-); pero para mí una de las mejores partes de Love Actually es en la que Hugh Grant saca pecho en su discurso como presidente con algunos de los protagonistas y referencias de la espectacular ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012. «El país de Shakespeare, Churchill, los Beatles, Sean Connery, Harry Potter y el pie derecho/izquierdo de David Beckham», una forma ingeniosa y pop para hablar de un tema complicado como el que ahí se estaba produciendo: Estados Unidos «abusando» del Reino Unido.
Esto que obviamente es pura ficción respecto a la situación actual entre ambos países, ilustra a la perfección el característico sentido del humor y forma de ser británica mostrando que se puede ser respetado, el tipo más formal de todos, llevando una estrambótica y colorida corbata de lunares, flores y rayas (todo a la vez) si uno quiere.
Entre todos los personajes que nos ha dado y nos dan los ingleses, en el cine, la literatura, en la vida real, hay uno que siempre me ha fascinado. No es que yo sepa mucho de sus medidas, de si cumplió o no con sus promesas, más allá de si estarían alineadas con las mías (que eso es lo de menos) y que por lo que he leído no era el más neutral, ni un santo, pero John Bercow, presidente de la Cámara de los Comunes entre 2009 y 2019, siempre me hizo mucha gracia.
Sus famosas intervenciones como speaker en el Parlamento, en las que gritando «order, order!» pedía calma y sosiego a los diputados en sus intervenciones en el gallinero de Westminster, por algo, se hicieron virales. Ese sonoro y característico «orden, señorías, orden», entre otras reprimendas para mantener el decoro, me vienen continuamente a la mente cuando me dispongo a la más ardua labor en la actitud multitarea que vivimos: la faena creativa.
II. Desde tiempos inmemoriales, ha existido interés por ver las mesas de los escritores, los talleres de los artesanos, los estudios de los artistas, el «backstage» de la creación.
Siempre me ha gustado ver que, aunque haya algo de montaje en los reportajes con esta temática, se distingue una «mise en place» para que surja la calma previa al torbellino (de ideas). Y es que, a primera vista, los pinceles, los libros, las notas, los utensilios del creador parecen que han sido colocados de cualquier forma, que hay desorden, pero no. El susodicho sabe exactamente dónde está cada cosa. Hay «feng shui» a su manera.
III. En Amiga mía de Raquel Congosto, Celia y Marina, dos chicas de Madrid se hacen famosas por sus intervenciones en la calle. Su arte urbano, original e impredecible, tiene tanto éxito que hasta las entrevistan, ellas que solo tenían una página en Facebook, y con ello se van haciendo un hueco en el mundillo.
Antes de esto, se habían ido a vivir juntas y Marina, cuyo primer contacto con Celia fue preguntarle porque siempre iba vestida de blanco o de negro, mira con devoción cómo su amiga vuelca los calcetines de estos mismos colores en compartimentos y cómo tiene separada la ropa de invierno de la de verano.
«Celia adora el orden. El orden la ayuda a no tener miedo al mundo, ese lugar imprevisible y caótico donde puede pasar cualquier cosa terrible. Donde un día tu carrera no vale nada. Donde un día tienes que salir de tu casa porque no puedes pagarla. Donde un día. No puede ni pensarlo y por eso adora el orden, porque la protege. Es la barandilla que la ayuda a no caerse».
IV. Esta tarde no sabía qué escribir y entonces colgué la chaqueta en el armario, me lavé los dientes y puse las cremas en su sitio, hice limpia de papeles que llevaba en la cartera, por fin subí una sillita antigua que llevaba siglos en el maletero de mi coche, hicimos la compra, llevé a la pequeña a la peluquería con un flequillo con el que ya no podía ni ver, la taza con el café de la mañana fue metida en el fregaplatos…
John Bercow resonó en mi cabeza. Order, order!
Y aquí estamos.



Un pintor debería tener su paleta ordenada. Cuando estudiaba pintura nos decían “la cocina siempre tiene que estar ordenada” de ahí sale la pincelada limpia.. y es una disciplina que para todo sirve, aunque da muchísima muchísima pereza!!!
Y ordenar la cabeza ni te cuento
El orden dice mucho de la cabeza q puede tener uno un día, hay veces q me disperso cuando quiero ordenar algo y al final no ordeno nada, solo paseo las cosas de un sitio a otro.
La cabeza…. 🤪🤪